Sábado por la tarde, son las 8, es hora de comenzar el ritual de "restaurado". Hoy si, esta noche te veré, y me verás.
Me ducho, me doy un suave masaje con la crema hidratante y no puedo evitar pensar y deseara que fueran tuyas las manos que ahora mismo acarician mis pechos. Aparto este pensamiento tengo que concentrarme.
Me seco el pelo cuidadosamente, me paso la plancha. Me visto, mis mejores galas solo por si acaso coincidimos. Me maquillo, me perfumo. Me miro al espejo. Indudablemente, estoy espléndida, maravillosa. Soy la mejor.
Me subo a los tacones, me cuelgo el bolso, y vuelo hasta el coche, ya llego 10 minutos tarde. Espero no se enfaden los demás... últimamente siempre llego tarde y no se como me las apaño, si empiezo el ritual con tiempo más que suficiente!
Llego al bar, hemos quedado para ponernos al día, en una semana pasan muchas cosas y las hemos de hablar antes de entrar a cenar. Abro la puerta y localizo al grupo, y allí estás tú, de espaldas, me tiemblan las rodillas, un escalofrío me sube por la espalda. Sonrisas en las caras, abrazos, a algunas hace más de una semana que no las veo, besos y palabras agradables. Llegó tú turno, te levantas, te acercas, te inclinas, un "Hola, guapa qué tal?" Sale de tus labios y me derrito, definitivamente estoy loca. No puede ser sano esto.
Cenamos, compartimos una botella de vino, nos reimos, debatimos y coincidimos en muchas cosas. Como es posible que sea tan, tan, tan... Uff, empiezo a tener calor, el vino empieza a hacer efecto, tengo la certeza de que esta noche me voy a comer el mundo.
Después de cenar nos vamos a tomar una copa, en el bar bailamos, reimos, lo pasamos bien.
Poco a poco te vas acercando, en momentos tus manos me rozan, me invitas a fumar, compartimos un vaso, me tomas de la mano, a escondidas, nadie se da cuenta. Me observas.
La noche avanza, los amigos se van marchando, primero unos y después otros y al final nos quedamos solos. Fantástico, es lo que llevo esperando desde que el mundo es mundo. Cambiamos de bar, sugieres algo más tranquilo.
Un breve paseo, nos sentamos en otro garito, una copa tranquila sentados en una terraza. Un buen momento, buena conversación, buena compañía y el roce de tus manos y el calor de tus ojos.
Nos vamos dentro, empieza a refrescar. La situación nos acerca, tus manos encuentran mi cintura y las mias encuentran tus hombros, me acerco, te acercas, me abrazas, fuerte, firme. Me tiemblan hasta las entrañas. Tus palabras en mi oido, tu voz en mi alma, y tus labios que me acarician. Tus manos pasean por mi espalda, mis manos no saben que hacer, mis labios te buscan y no te encuentran.
Nos vamos, cogidos de la mano, abrazados, me quiero fundir, me quiero deshacer entre tus dedos, me quiero colgar de tus pensamientos. Quiero que me desnudes despacio, a la luz de las velas, quiero ver el cielo en tus ojos, quiero leer el deseo en tus manos, quiero escuchar la poesia de tu cuerpo. Velas, música suave, y tú, y yo , mis sueños. Acabar entre tus brazos, dormir a tu lado, al abrigo de tu aliento.
Domingo, me despierto, me siento bien, el sol está cantando en mi ventana, el teléfono parpadea, alguién ha llamado y no lo he oido. He dormido bien, me siento bien, me levanto.
En mi casa, no estás, pero te recuerdo, después de despedirnos me quedé colgada en la conversación, entiendo tus argumentos y lamento no compartirlos. Pero no importa. He pasado una noche inolvidable, preludio de otras muchas que seguro compartiremos. En mis sueños, en mi imaginación, en la soledad de mi casa estarás presente, te tendré presente.
Y sabes que me tienes, te escucharé si lo necesitas, te acompañaré si lo necesitas, bailaré contigo si lo deseas. Somos amigos, ante todo, y sobretodo, somos amigos y eso es lo que importa. Lo demás son sueños, pensamientos descolgados que habitan en una realidad paralela, en el mundo de mis sueños y allí los dejo.