
Llueve en mi ciudad.
Llueve con ganas, pero con calma.
El agua arrastra, se lleva malos humores y malas historias, borra la mierda que ensucia la mente, recoloca ideas, refresca los ánimos.
Se respira mejor, se respira tranquilidad.
Seguirá lloviendo, las gotas hacen burbujas al caer al suelo, me gusta que llueva.
Hoy es un día para estar en casa, tapada con la manta y con un chocolate caliente y de fondo el sonido de la lluvia.
Pero en la oficina tampoco se está tan mal.


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